Promesa de plomo
Nuestra compañera Mónica nos invita este jueves a escribir con la estética y características más típicas de la Novela Negra. Yo no tenía pensado participar, pero la inspiración se me ha echado encima.
El ruido ambiente parece volver a mí difuminado, hasta escuchar de nuevo con claridad. Ahogo un sollozo de completo dolor, un dolor que no es físico.
Mis ojos no han podido despegarse de ella. Mi cuerpo, completamente petrificado, se niega a responderme. Está tendida en el suelo, iluminada únicamente por las luces de neón que hacen parpadear el callejón. No se mueve.
Su cabello rubio, sobre un charco sucio, ha perdido todo su brillo. Veo esos ojos verdes, abiertos en una mueca congelada, ya sin albergar ninguna luz... Está muerta. Ese malnacido la ha ejecutado, como si no fuera nada.
Entonces veo un charco de sangre rodearla. El impulso de levantarme en ese instante y arrancarle la cabeza a ese hombre se apodera de mí con una fuerza casi incontrolable. Pero ¿quién en su sano juicio se enfrentaría a Renzo Valieri? Un hombre capaz de hacer y deshacer a su antojo, de silenciar, malversar, y comprar a cualquiera... Trato de serenarme, con mucha dificultad.
Entonces escucho esa voz ronca a mis espaldas.
- Demian, levántate. ¿No querrás que te considere como a uno de ellos? - Dejó escapar una nube de humo entre sus labios y continuó. - Era una traidora, una infiltrada de la policía... Nos tenía engañados, incluido a ti.
Era cierto. Ella era una infiltrada buscando encarcelar al jefe. Le bastaron pocos meses para ganarse su confianza y la de sus sicarios, incluyéndome. Pero cuando lo descubrí todo, no me importó. La amaba, y su corazón era sincero. Sin embargo, Valieri supo de su traición.
Me levanté a duras penas, esperando que las gotas de lluvia difuminaran de alguna manera mi expresión de rabia contenida.
- Eso está mejor. Ahora deshazte del cuerpo y limpia este desastre.
Apreté el puño. Ese no era el momento, pero esperaría la oportunidad de acabar con él. Aunque pasaran diez años, veinte... El tambor de mi revólver ya guardaba una bala con su nombre.

Comentarios
Publicar un comentario